21 años · EChace 3 mess

Vendo encebollado los domingos en la vereda para pagar la universidad. Ayer paró un carrazo del año y bajó un señor todo elegante con su familia. Me asusté, pensé que me iban a sacar por no tener permiso. Pero no, pidieron cuatro platos. Se sentaron en los banquitos de plástico bajo el sol, sudando la gota gorda, pero felices. Al terminar, el señor me dejó una propina buenísima y le dijo a su hijo adolescente: "Aprende, ñaño, esto sí es sabor, no como esa comida insípida de tu mamá". Me inflé el pecho de orgullo; ayer me sentí más importante que dueño de restaurante cinco estrellas.

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24 años · PYhace 3 mess

Subí al bus con mi cuaderno nuevo, garabateando versos sueltos que nunca le muestro a nadie. Me bajé corriendo y lo olvidé en el asiento. Un mes después, una chica me lo devolvió en el mismo bus: “Vi tu nombre adentro”. Lo abrí y encontré su nota: “Ojalá encuentres las palabras que buscas. Suerte”. No la volví a ver, pero esa frase me hizo cuestionar si "ahí era".

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28 años · MXhace 3 mess

Era un domingo de calor bravo en el barrio, y mi hijo de seis años me pidió helado de fresa como siempre. Compré dos conos grandes en el carrito del señor de la esquina. Nos sentamos en la vereda, él con la lengua toda roja, yo tratando de no se derrita el helado. De repente me miró serio y dijo: “Papi, cuando sea grande te voy a comprar helado todos los días para que no trabajes tanto”. Me quedé sin palabras, con el helado goteando en la mano. Solo alcancé a abrazarlo fuerte mientras se reía porque le manché la remera. Ese día no terminé mi helado.

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35 años · PYhace 3 mess

Todos los meses le armo la encomienda a mi esposa, que se fue a trabajar a Madrid hace tres años. Le pongo yerba, almidón para la chipa y unos remedios yuyos bien empaquetados. El envío me sale carísimo, casi la mitad de lo que gano en la semana. Mis amigos me dicen: "¡Gira la plata y ya, tonto! Te sale más barato". Pero ellos no entienden nada. No es por las cosas. Es que cuando ella abre esa caja de cartón al otro lado del océano y siente el olor a su tierra, es como si yo estuviera ahí dándole un abrazo. Eso no se gira por Western Union.

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31 años · COhace 3 mess

Con mi pareja llevábamos meses diciendo “mañana salimos por un café”. Siempre pasaba algo: trabajo, cansancio, lluvia. Un domingo, sin avisar, él apareció con dos tazas viejas, café instantáneo y me dijo: “Hoy sí salimos… al balcón”. Nos sentamos en pijama, viendo a los vecinos pelear por parqueo. ¿Deberia terminar con él?

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28 años · VEhace 3 mess

Mi hermano menor llegó de sorpresa esa tarde de sábado, con la mochila al hombro y cara de quien viene huyendo de algo. No dijo nada al principio, solo se sentó en el sillón viejo y miró el piso. Yo estaba cocinando arroz con pollo, como siempre los fines de semana. Le puse un plato enfrente sin preguntar. Comió despacio, en silencio. Cuando terminó, se levantó, me miró fijo y dijo: “Gracias, hermana. Mañana me voy temprano”. Quise abrazarlo fuerte, como cuando éramos chicos y él se caía de la bici, pero me quedé tiesa con las manos en el delantal. Solo le dije “cuidate”. Se fue al amanecer sin hacer ruido. Nunca más volvió a casa.

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24 años · PRhace 3 mess

Se fue la luz en todo el barrio anoche y, como hacía un calorón, salí al corredor. La vecina de al lado, con la que apenas cruzo un "buenos días", hizo lo mismo. Empezamos a hablar de nada, luego ella sacó un café chorreado y yo puse el pan dulce. Al rato se sumó don Luis, el de enfrente, con su guitarra. Y solo paso por mi mente "Alguien esta sobrando don Luis" 😡

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26 años · BOhace 3 mess

Mi mamá me dejó una carta el día que se fue a vivir con mi tía a otra ciudad porque ya no podía sola. Decía: “Hija, no llores mucho, que yo voy a estar bien. Cuidá las plantas del balcón y acordate de regarlas con cariño, como yo te regué a vos”. La leí mil veces esa noche, la doblé chiquita y la metí en el cajón de los calcetines. Cada vez que abro el cajón y la veo, sonrío un poco y me pongo a regar las plantas aunque sea invierno y estén medio secas. Es como si ella todavía estuviera mirando desde la puerta de la cocina.

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24 años · BOhace 3 mess

Fui al mercado a comprar verduras y la casera se equivocó feo: me dio cambio de un billete de cien bolivianos cuando yo le había pagado con uno de veinte. Me di cuenta ya en la esquina. La tentación fue grande, porque la plata no sobra, pero no pude. Volví y le puse los billetes en la mano. La señora se puso pálida y se agarró el pecho; no se había dado cuenta. "Ay, joven, gracias", me dijo con los ojos llorosos, "si perdía eso, hoy no sacaba ni para el almuerzo". Me regaló tres duraznos de yapa. Me fui sin la plata extra, pero sentí que gané.

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34 años · ARhace 3 mess

Mi abuela me mandaba audios larguísimos por WhatsApp. Yo siempre decía “después los escucho”. Cuando falleció, entré al chat y había uno nuevo. No era nuevo: era el último que no abrí. Lo escuché completo, hablaba del clima, del perro, de mí. Al final dijo: “Si estás escuchando esto, te quiero mucho”.

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29 años · COhace 3 mess

Mi vieja cree que vendí la moto porque le agarré miedo al tráfico de Bogota. "Mejor, hijo, eso es un ataúd con ruedas", me dijo toda aliviada cuando llegué a pie. La verdad es que no le tengo miedo a nada. Vendí la moto para pagarle la operación de la vista que llevaba esperando un año en el hospital público. Le dije que la habían llamado de una lista de espera especial. Ahora me calo dos horas de camionetica y metro para ir al trabajo, apretado y con calor, pero ver que ella ya puede enhebrar una aguja otra vez sin pedir ayuda... eso vale cada paso que doy.

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29 años · MXhace 3 mess

Mi papá nunca fue de decir “te quiero”. Era serio, callado, de los que demuestran con hechos. El día que me titulé, no pudo ir. Me dolió. Esa noche, ya tarde, sonó mi celular. Era él. Solo dijo: “Estoy orgulloso de ti, mija”. Lloré como niña. Nunca volvió a decirlo, pero con eso me alcanzó.

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29 años · COhace 3 mess

Compré ese vestido rojo para el casamiento de mi hermana, el que ella siempre quiso que yo fuera “la más linda del salón”. Me lo probé mil veces frente al espejo, me sentía hermosa, pero el día llegó y no pude ponérmelo. Me quedé en casa con una excusa tonta de dolor de cabeza. No era el vestido, era que no quería que nadie me viera feliz mientras ella se iba con alguien que no era yo. Lo guardé en el fondo del placard con la etiqueta todavía puesta. A veces lo saco, lo miro y pienso que algún día voy a tener el coraje de usarlo… aunque sea para mí sola.

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32 años · PEhace 3 mess

Mi papá siempre fue un roble, de esos hombres serios que no lloran ni se quejan y a los que todos le tienen un respeto tremendo. Ayer llegué antes a la casa y lo pillé en la sala con mi nena de cuatro años. El hombre estaba tirado en la alfombra, con una vincha de flores rosada en la cabeza, dejándose maquillar por su nieta. Se reía bajito mientras ella le pintaba la nariz con un labial. Apenas me vio entrar, se levantó de un salto, se quitó la vincha y puso su cara de sargento de siempre. Yo me hice la loca y me fui directo a la cocina sin decir nada, pero casi lloro de la ternura. El "general" resultó ser un pan de Dios.

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32 años · ARhace 3 mess

Todos los domingos mi vieja y yo nos sentábamos en la misma banca del parque a tomar mate. Ella hablaba, yo escuchaba. Cuando falleció, dejé de ir. Años después llevé a mi hija por primera vez y, sin pensarlo, me senté ahí. Mi nena me dijo: “Papá, este lugar se siente tranquilo”. Sonreí. La banca seguía siendo la misma.

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26 años · CLhace 3 mess

Le dije a mi pololo nuevo que soy vegetariana para impresionarlo, porque el tipo es ultra sano y deportista. Llevamos un mes comiendo lechuga y ya sueño con carne. Hoy le inventé que tenía que ir a hacer un trámite urgente al centro. Mentira pura. Me fui a la picada de la esquina y me bajé dos completos italianos gigantes, chorreando mayo y palta. Me los comí escondida detrás de un kiosco como si estuviera haciendo algo ilegal. Si me descubre, no sé si me deja por mentirosa o por glotona, pero te juro que valió la pena cada mordisco.

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28 años · CLhace 3 mess

Estaba revisando el celular viejo que mamá guarda en el cajón cuando vi que papá me había escrito un mensaje el día antes de que se fuera para siempre. Decía: “Hijo, cuando vuelvas de la uni, compramos ese helado de lúcuma que tanto te gusta. Te quiero”. No lo había visto nunca porque solia omitir a mi papá y justo ese día me quedé en casa de un amigo. Lo leí y me quedé sentado en el piso, con el teléfono temblando en la mano. No respondí nunca.

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48 años · EShace 3 mess

Llevo cuarenta años comiéndome la tortilla de patatas que prepara mi Carmen los domingos. Ella está convencida de que es mi plato favorito del mundo. La verdad es que siempre, pero siempre, se le quema un poco la cebolla y le queda seca como una suela. Sabe amarga. Pero cada vez que me pone el plato delante con esa carita de ilusión esperando mi veredicto, yo sonrío, me la como entera y hasta rebaño con pan. Jamás le voy a decir la verdad. Prefiero tener acidez toda la tarde a borrarle esa sonrisa.

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36 años · MXhace 3 mess

Mi abuelo no sabía usar celular, pero me silbaba siempre igual para que saliera. Cuando murió, la casa quedó en silencio. Meses después, un día cualquiera, escuché ese silbido en la calle. Salí corriendo con el corazón a mil… era un señor que pasaba vendiendo camotes. Me quedé ahí, llorando y riendo al mismo tiempo.

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34 años · COhace 3 mess

Toda mi vida usé zapatos de segunda o los más baratos del centro. Pero mi hijo entró al equipo de fútbol y yo no quería que pasara penas. Ahorré tres meses haciendo horas extra en la obra sin decirle nada a nadie. Ayer lo llevé a la tienda deportiva oficial. Cuando vio el precio, soltó la caja asustado, como si quemara. Me agaché y le dije al oído: "Tranquilo, mijo, llévelos que hoy sí alcanza".

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