32 años
Perú
Mi papá siempre fue un roble, de esos hombres serios que no lloran ni se quejan y a los que todos le tienen un respeto tremendo. Ayer llegué antes a la casa y lo pillé en la sala con mi nena de cuatro años. El hombre estaba tirado en la alfombra, con una vincha de flores rosada en la cabeza, dejándose maquillar por su nieta. Se reía bajito mientras ella le pintaba la nariz con un labial. Apenas me vio entrar, se levantó de un salto, se quitó la vincha y puso su cara de sargento de siempre. Yo me hice la loca y me fui directo a la cocina sin decir nada, pero casi lloro de la ternura. El "general" resultó ser un pan de Dios.
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