26 años
Bolivia
Mi mamá me dejó una carta el día que se fue a vivir con mi tía a otra ciudad porque ya no podía sola. Decía: “Hija, no llores mucho, que yo voy a estar bien. Cuidá las plantas del balcón y acordate de regarlas con cariño, como yo te regué a vos”. La leí mil veces esa noche, la doblé chiquita y la metí en el cajón de los calcetines. Cada vez que abro el cajón y la veo, sonrío un poco y me pongo a regar las plantas aunque sea invierno y estén medio secas. Es como si ella todavía estuviera mirando desde la puerta de la cocina.
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