24 años
Bolivia
Fui al mercado a comprar verduras y la casera se equivocó feo: me dio cambio de un billete de cien bolivianos cuando yo le había pagado con uno de veinte. Me di cuenta ya en la esquina. La tentación fue grande, porque la plata no sobra, pero no pude. Volví y le puse los billetes en la mano. La señora se puso pálida y se agarró el pecho; no se había dado cuenta. "Ay, joven, gracias", me dijo con los ojos llorosos, "si perdía eso, hoy no sacaba ni para el almuerzo". Me regaló tres duraznos de yapa. Me fui sin la plata extra, pero sentí que gané.
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