Mi compa Luis juraba que su nuevo celular era “a prueba de todo”. Presumía tanto que un día lo dejó en el techo del carro “pa’ grabar la experiencia”. Se le cayo cuando arrancó. El cel voló como tortilla en comal. 😂 pero no le paso nada al celular, inche canijo tenia razon.
Conocí a Mateo en la feria, vendiendo tomates. Me regaló uno “porque le caí bien, segun el”. Volví la semana siguiente… y la otra. Hoy no compro ni tomates: voy a verlo a él. Sera ese mi verdadero amor?.
Mi vecina juraba que su gato era “tranquilito”. Pues ayer se metió a mi casa, abrió mi refri con la pata (¡te lo juro!) y se robó un pedazo de pollo. Cuando lo fui a devolver, ella nomás dijo: “Ay, es que trae antojo”. Señora, ¡el pollo era para mi semana! 😔 me cerro la puerta
Ayer en la oficina casi nos da algo: la nueva pasante llegó con el mismo perfume que usa la esposa del jefe… y él se puso pálido. Todos nos miramos como “¿ya empezó el chismerío o qué?”. Al final era coincidencia, pero uff… el silencio habló más que él.
Mi vecina me contó que un día siguio a su esposo, por que siempre salia por las noches con el "cuento" de ir a jugar futbol, pues resulta y resalta que si iba a jugar futbol pero en la casa de su compadre, jugaban fifa. 😂
Mi vecina llegó furiosa tocando mi puerta porque, según ella, yo “le robé” su receta de flan. La verdad: se la pidió mi cuñado y la subió a TikTok diciendo que era “su super secreta”. Tanto griterio por un flan.
La otra vez se armo un griterio en el barrio, resulta que los hijos de Carmen se llevaron los tuppers, hasta ahi nadie entendia, que tenia de malo, pero Carmen guardaba sus ahorron en esos tuppers.
Mi vecina Rosa presumia a su nuevo novio, decia que era “todo un caballero”. Ayer, en plena tarde, un tipo llegó con serenata… ¡pero era para la vecina! 😂 Rosa salió pensando que era para ella.
Mi vecina Doña Maruja juraba que su gato hablaba. Nadie le creía… hasta que un día gritó: “¡Marujaaa, abre la puerta!” Era el vecino que llegaba sin llaves. Maruja oye de más.
Mi vecina llegó llorando porque encontró a su esposo “trabajando horas extra”… pero en la casa de la mejor amiga. Según ellos, “solo estaban viendo una serie”. Sí, claro. Lo mejor es que la amiga salió diciendo: “No es lo que parece”.
Mi vecina juraba que su pololo era fiel. Hasta que un día su perro volvió con un sostén que no era de ella. Ella armó el show afuera del edificio, gritando “¡SAL, COBARDE!”. Él bajó… y la dueña del sostén era la mejor amiga. Medio barrio grabando.
Un día, mi vecino me tocó la puerta todo nervioso porque había perdido a su perro. Yo me puse a ayudarlo sin pensarlo. Después de dos horas buscando, el perro estaba dormido en mi cochera.
Cuando me divorcié, me quedé sola en un departamento chiquito. El vecino de al lado, un señor jubilado, siempre me saludaba. Un día me vio llorando en el pasillo y sin preguntar nada me pasó un tupper con sopa caliente. No se si quiere algo más o es cordialidad.
Cuando me mudé sola, pensé que sería pura libertad. Pero la primera noche sin luz, sin gas y con ruidos raros, lloré del miedo. Toqué la puerta del vecino pa' pedir una vela… terminó enseñándome a cambiar fusibles. Yo solo queria velas. 😅
Mi vecino don Lucho, un viejito bien terco, siempre decía que odiaba a los perros. Un día encontró un perrito temblando bajo su carro. “No lo voy a adoptar, solo lo cuido un rato”, dijo. Dos semanas después ya le decía “mi hijo” y le calentaba comida mejor que para él mismo 😂❤️.
Mi papá siempre decía que yo “exageraba todo”. Hasta que un día me desmayé del puro cansancio. Ahí entendió que no era drama: era que yo hacía sola lo que en la casa deberían hacer entre todos. Desde entonces, él lava, cocina… y yo, por fin, respiro. PD: Yo tengo otro trabajo, nunca deje de trabajar desde que sali de la prepa.
Cuando me quedé sin trabajo pensé que todo se me venía encima. Un compa del barrio me consiguió chambita vendiendo empanadas en la calle. Al principio me dio pena, pero fue lo que me sacó adelante.
La mera neta: el día que me quedé sin chamba pensé que el mundo se me venía encima. Pero mis hijos, con unos taquitos quemados que me hicieron “para que no llores, mamá”, me levantaron el alma. A veces, la fuerza viene de quienes menos esperas.
Cuando me quedé sin chamba, pensé que mis compas me echarían la mano. Nel. Los únicos que me apoyaron fueron mis vecinos viejitos: me llevaban sopita y pan “pa’ que no me rinda, mijo”. A veces la familia no es de sangre, es la que te ve y no te suelta.
Hace un año me enfermé feo y no podía ni caminar. Mi familia solo me juzgó por estar sin dinero, nunca preguntó qué pasaba. Pero mis dos niñas, de 7 y 9 años, se pusieron a cocinarme fideos todos torcidos para que yo no me sintiera sola. Ellas fueron mi medicina y mi fuerza.