45 años
México
Recuerdo aquel domingo lluvioso cuando tenía como doce años, en la cocina de mi abuela. Ella, con sus manos arrugadas y llenas de harina, me enseñaba a hacer tamales. "Mija, el secreto está en el cariño que le pones", me decía mientras amasábamos la masa. Yo, impaciente, quería terminar rápido para salir a jugar, pero ella insistía en que cada pliegue de la hoja de maíz era importante. Al final, cuando probamos el primero, caliente y humeante, con ese sabor a hogar que solo ella sabía dar, me di cuenta de que no era solo comida, era su manera de decirme que me quería. Ahora, años después, cada vez que hago tamales sola, siento su presencia, y lloro un poquito, extrañando esos momentos simples que se fueron volando.