25 años

Chile

En la librería de viejo del centro compré un libro usado de poesía, uno de esos con páginas amarillas y olor a tiempo. Al abrirlo en casa, cayó una carta doblada: letra de mujer, tinta corrida por los años. Decía: “Querido, si algún día lees esto, sabé que te esperé hasta el último tren. No vine porque no pude dejar de quererte. Perdóname”. No tenía firma, solo una fecha de hace quince años. Me quedé mirando la carta un rato largo, imaginando a esa desconocida esperando en una estación vacía.

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