29 años

Uruguay

Mi abuelo cebaba mate todas las tardes en el patio, con esa calma que ya no se ve. Yo me sentaba al lado, callado, solo mirando cómo el agua caía despacio. Un día me pasó el mate y dijo: “Tomá vos, ahora te toca”. Lo tomé, quemándome los labios, y él sonrió. Al mes siguiente se fue. Ahora cebo solo, pongo dos mates y dejo el suyo al lado. Se enfría rápido, pero igual lo miro un rato, como si él todavía estuviera esperando su turno.

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