23 años

Otro

<p class="mb-4">La neta, nunca pensé que me fuera a enamorar de mi mejor amiga.</p><p class="mb-4">Todo empezó como empiezan casi todas esas cosas: sin darte cuenta.</p><p class="mb-4">Ella y yo éramos amigos desde hacía un buen rato. Nos hablábamos prácticamente todos los días. A veces desde temprano:</p><p class="mb-4">—Buenos días, flojo.</p><p class="mb-4">—Buenos días, chismosa.</p><p class="mb-4">Y de ahí podíamos terminar hablando hasta la noche.</p><p class="mb-4">Éramos de esos amigos que se cuentan todo. Si ella tenía algún problema, me marcaba. Si yo necesitaba desahogarme, ahí estaba ella.</p><p class="mb-4">Y sí… yo ya estaba bien clavado.</p><p class="mb-4">Pero obviamente no se lo decía.</p><p class="mb-4">Cada vez que salíamos, yo buscaba cualquier pretexto para verla.</p><p class="mb-4">—¿Ya comiste?</p><p class="mb-4">—No.</p><p class="mb-4">—Pues vamos por unos tacos.</p><p class="mb-4">—¿Invitas?</p><p class="mb-4">—Ni que fuera millonario, cada quien paga lo suyo.</p><p class="mb-4">—Entonces no voy.</p><p class="mb-4">—Bueno, yo invito.</p><p class="mb-4">Y terminábamos comiendo tacos y platicando de cualquier tontería.</p><p class="mb-4">Lo peor era que para ella todo eso era completamente normal.</p><p class="mb-4">Para mí no.</p><p class="mb-4">Yo estaba pendiente de todo.</p><p class="mb-4">Si estaba cansada.</p><p class="mb-4">Si ya había comido.</p><p class="mb-4">Si llegó bien a su casa.</p><p class="mb-4">Si estaba triste.</p><p class="mb-4">Y cuando algún wey le mandaba mensaje, yo trataba de hacer como que no me importaba.</p><p class="mb-4">Un día estábamos sentados afuera de su casa tomando un refresco.</p><p class="mb-4">Ella estaba viendo su celular y de repente sonrió.</p><p class="mb-4">—¿Qué pasó? —le pregunté.</p><p class="mb-4">—Nada.</p><p class="mb-4">—¿Quién te escribió?</p><p class="mb-4">—Nadie.</p><p class="mb-4">—Ah, bueno.</p><p class="mb-4">Pero obviamente sabía que alguien era.</p><p class="mb-4">Después de unos segundos me dijo:</p><p class="mb-4">—Es un chavo que conocí.</p><p class="mb-4">Sentí ese pequeño golpe en el estómago.</p><p class="mb-4">—Ah… qué bien.</p><p class="mb-4">—¿Qué te pasa?</p><p class="mb-4">—Nada.</p><p class="mb-4">—Otra vez con tu "nada". Te conozco.</p><p class="mb-4">Me quedé callado.</p><p class="mb-4">Ella me miró.</p><p class="mb-4">—¿Estás celoso?</p><p class="mb-4">Me reí.</p><p class="mb-4">—¿Yo? No manches.</p><p class="mb-4">—Sí estás.</p><p class="mb-4">—No.</p><p class="mb-4">—Sí.</p><p class="mb-4">—Que no.</p><p class="mb-4">Se empezó a reír.</p><p class="mb-4">—Ay, qué mentiroso eres.</p><p class="mb-4">Yo también me reí, pero por dentro estaba pensando:</p><p class="mb-4">"Sí estoy celoso, porque quisiera que ese mensaje fuera mío."</p><p class="mb-4">Esa noche llegué a mi casa y me quedé pensando un buen rato.</p><p class="mb-4">Ya no podía seguir así.</p><p class="mb-4">Quería decirle lo que sentía, pero me daba miedo que todo cambiara.</p><p class="mb-4">Porque si me decía que no sentía lo mismo, ¿qué iba a pasar después?</p><p class="mb-4">¿Íbamos a seguir siendo amigos?</p><p class="mb-4">¿Ya no me iba a hablar igual?</p><p class="mb-4">¿Se iba a poner raro todo?</p><p class="mb-4">Así que decidí callarme.</p><p class="mb-4">Pasaron unos días.</p><p class="mb-4">Una noche estábamos hablando por WhatsApp cuando me llegó un mensaje suyo.</p><p class="mb-4">—Oye.</p><p class="mb-4">—¿Qué?</p><p class="mb-4">—Te quiero preguntar algo.</p><p class="mb-4">—A ver.</p><p class="mb-4">—¿Tú estás enamorado de alguien?</p><p class="mb-4">Me quedé viendo el celular.</p><p class="mb-4">Pensé en inventarle cualquier cosa.</p><p class="mb-4">Pero después escribí:</p><p class="mb-4">—Sí.</p><p class="mb-4">Tardó un momento en contestar.</p><p class="mb-4">—¿Quién?</p><p class="mb-4">—No te puedo decir.</p><p class="mb-4">—¿Por qué?</p><p class="mb-4">—Porque es complicado.</p><p class="mb-4">—¿La conozco?</p><p class="mb-4">—Sí.</p><p class="mb-4">—¿Es amiga tuya?</p><p class="mb-4">Me quedé pensando.</p><p class="mb-4">—Sí.</p><p class="mb-4">Pasaron unos segundos.</p><p class="mb-4">—¿Soy yo?</p><p class="mb-4">Me quedé completamente congelado.</p><p class="mb-4">No sabía qué responder.</p><p class="mb-4">Al final escribí:</p><p class="mb-4">—Sí.</p><p class="mb-4">No contestó inmediatamente.</p><p class="mb-4">Pasaron unos minutos que se me hicieron eternos.</p><p class="mb-4">Después apareció:</p><p class="mb-4">—No manches…</p><p class="mb-4">—¿Qué?</p><p class="mb-4">—No sabía.</p><p class="mb-4">—Por eso nunca te dije.</p><p class="mb-4">—¿Desde cuándo?</p><p class="mb-4">—Desde hace bastante.</p><p class="mb-4">—¿Y por qué nunca me dijiste?</p><p class="mb-4">—Porque tenía miedo de perderte.</p><p class="mb-4">Ella tardó otra vez.</p><p class="mb-4">Y después me mandó:</p><p class="mb-4">—Pues qué menso.</p><p class="mb-4">—¿Por qué?</p><p class="mb-4">—Porque yo también siento algo por ti.</p><p class="mb-4">Me quedé viendo la pantalla sin saber qué hacer.</p><p class="mb-4">—¿Es neta?</p><p class="mb-4">—Sí, menso.</p><p class="mb-4">—Entonces… ¿qué hacemos?</p><p class="mb-4">—No sé.</p><p class="mb-4">—¿Quieres salir mañana?</p><p class="mb-4">—¿A dónde?</p><p class="mb-4">—Por unos tacos.</p><p class="mb-4">—¿Eso es una cita?</p><p class="mb-4">—Pues… si quieres.</p><p class="mb-4">—Bueno.</p><p class="mb-4">—¿Bueno sí o bueno no?</p><p class="mb-4">—Bueno sí, menso.</p><p class="mb-4">Y ahí estaba yo, sonriendo como idiota frente al celular.</p><p class="mb-4">Al día siguiente fui por ella.</p><p class="mb-4">Cuando salió de su casa me miró y sonrió.</p><p class="mb-4">—¿Qué? —le pregunté.</p><p class="mb-4">—Nada.</p><p class="mb-4">—¿Por qué te ríes?</p><p class="mb-4">—Porque ahora sí sé por qué siempre querías venir por mí.</p><p class="mb-4">—Cállate.</p><p class="mb-4">Se empezó a reír.</p><p class="mb-4">Nos subimos al carro y fuimos por los tacos de siempre.</p><p class="mb-4">La verdad, no fue una cita perfecta ni pasó nada de película.</p><p class="mb-4">Comimos, nos estuvimos molestando, hablamos de nuestras cosas y hasta discutimos por quién iba a pagar.</p><p class="mb-4">Pero había algo diferente.</p><p class="mb-4">Porque ahora los dos sabíamos lo que sentíamos.</p><p class="mb-4">Y mientras regresábamos a su casa, ella me agarró la mano.</p><p class="mb-4">No dijo nada.</p><p class="mb-4">Yo tampoco.</p><p class="mb-4">Solo sonreí.</p><p class="mb-4">Después de tanto tiempo de verla como mi mejor amiga y guardar todo lo que sentía, por fin podía pensar que quizá algún día ella sería algo más.</p><p class="mb-4">Y lo mejor era que, por primera vez, ya no tenía que esconderlo.</p>

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Comentarios (2)

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hace 1 día
Aiñ, 🥹 Qué bonito
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hace 18 horas
Me guastaría que me pasara a mi lo mismo, solo que con un amigo llamado Alejandro y Alejandro si lees esto te amo.
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