39 años
Panamá
Llevaba tres meses entrenando a mi nuevo compañero, dándole todos mis conocimientos y secretos, con la promesa de mi jefe de que mi ascenso era inminente. El día de la promoción, en lugar de mi nombre, anunciaron el de él. Fui a la oficina del jefe, quien me dijo con frialdad que "necesitaban a alguien con una imagen más fresca". Sentí una rabia hirviente, no por la pérdida del título, sino por la traición.
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Comentarios (1)
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hace 4 mess
los jefes son así, corruptos. Pero si no ven el valor de los otros, es aún más improbable que vean el de ellos mismos.
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