26 años

México

La luz del semáforo se puso verde, y yo, apurado, le di un pequeño toque al acelerador mientras revisaba un mensaje de trabajo que no podía esperar. Ese segundo de distracción fue suficiente. Sentí un golpe seco y el sonido de los cristales, y al bajar del coche, vi a la anciana sentada en el suelo, asustada pero ilesa, mientras su bolsa de medicamentos rodaba por el pavimento. El choque no fue grave, pero la verdadera tragedia fue la punzada de culpa que me atravesó: me di cuenta de que mi obsesión por la eficiencia digital casi le costaba la salud a una persona real, y me juré que ese sería el último mensaje que leería al volante.

0
Siguiente

Comentarios (0)