52 años

México

Tengo 52 años y sigo trabajando aunque mi cuerpo ya no rinde igual, porque mis hijos, que ya son adultos, aún dependen de mí y gastan su dinero sin pensar en mañana. A veces me piden ayuda como si fuera mi obligación eterna, pero pocas veces preguntan cómo estoy yo. Los amo, son mis hijos, pero duele ver que no aprendieron el esfuerzo que me costó criarlos. Mi mayor tristeza no es el cansancio, es sentir que no los preparé para la vida sin mí.

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