23 años
Guatemala
Me subí a la camioneta en la capital rumbo a Xela; el bus iba a reventar de gente, íbamos como sardinas. Yo llevaba un pastel de tres leches para el cumpleaños de mi mamá, cuidándolo con la vida entre los empujones. En cada curva y cada túmulo, sentía que la caja se me iba de las manos y el pastel se iba a estropear. Una señora que iba sentada me vio sufriendo parado en el pasillo. Sin decirme una palabra, me estiró los brazos y cargó el pastel en sus piernas durante las tres horas de camino para que no se aplastara. Ni me conocía. Cuando bajé, solo me sonrió. Gracias a esa desconocida, mi vieja tuvo su pastel intacto.
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