23 años
Argentina
Mi compañero de facultad siempre llegaba con el termo y la yerba, y me decía “dale, tomá uno calentito antes de la clase”. Yo siempre decía “gracias, pero no, estoy apurado”. Un día se acercó serio y me contó que se iba a mudar a otra provincia por el laburo de su viejo. Le dije “qué lástima, che”, y seguí caminando. Al otro día no vino más. Pasaron meses y me enteré por Instagram que estaba en Córdoba, feliz con su novia y un perrito nuevo. Cada vez que cebo mate solo en la pieza, me acuerdo de esos “tomá uno calentito” que nunca acepté. Ahora el termo se enfría rápido, y yo me quedo mirando la bombilla como si él todavía estuviera del otro lado.