22 años
El Salvador
Llevé a mi novio nuevo a comer pupusas a Olocuilta por primera vez. El chico es extranjero y quería que probara lo bueno. Estaba nerviosa. Cuando le sirvieron las de revueltas, el muy inocente pidió un tenedor. Se hizo un silencio en la mesa que ni te cuento; mi abuela lo miró como si hubiera cometido un sacrilegio. Le tuve que bajar la mano suavemente y decirle: "Amor, aquí el tenedor está prohibido, se come con la mano y quemándose un poquito". Al principio le costó, se llenó todo de salsa y curtido, pero al final se comió cinco y terminó chupándose los dedos. Mi abuela sonrió y me guiñó el ojo. Ahí supe que el muchacho ya pasó la prueba para entrar a la familia.