27 años
Argentina
Trabajaba de noche en el minimarket del barrio, turnos eternos de doce horas. Una madrugada entró un chico más o menos de mi edad, empapado por la lluvia, compró solo una bolsa de papas fritas y un Gatorade. Mientras le cobraba, me miró fijo y dijo: “Che, ¿vos no eras el que jugaba en la canchita de la escuela? Te acuerdas de mí?”. Era el pibe que me había defendido cuando me cagaban a piñas por ser callado. No nos habíamos visto en diez años. Charlamos media hora, riéndonos de pavadas. Al final me dijo: “Gracias por no cambiar, boludo”. Se fue y nunca más volvió al local.
1